No demos lugar a esto
La violencia contra la mujer constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer, que han conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre e impedido el adelanto pleno de la mujer...” así describe la violencia doméstica las Naciones Unidas en su Declaración sobre la Eliminación de la violencia contra la Mujer, Resolución de la Asamblea General de diciembre de 1993. Efectivamente, la violencia contra la mujer existe debido, entre otras causas que considero en un plano inferior si hubiera que estructurarlas en un esquema jerárquico, a factores culturales y educativos que tradicionalmente inculcan, de un modo en ocasiones subliminal, una dependencia de la mujer con respecto al hombre, ensalzando asimismo de un modo indirecto y también directo la superioridad del varón y la creencia de que ésta es innata al mismo. Ejemplos de esto son la socialización por separado según el sexo, definición cultural de los roles sexuales apropiados, expectativas asignadas a los diferentes roles dentro de las relaciones, creencia en la superioridad innata de los varones, sistemas de valores que atribuyen a los varones el derecho de propiedad sobre mujeres y niñas, concepción de la familia como esfera privada bajo el control del varón, aceptación de la violencia como medio para resolver conflictos, etc...

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